Este texto lo escribí con alguna idea que me dió una amiga a la que le gusta pintar, y a partir de ahí surgió este trágico relato. Espero que os guste.
Sentada frente a tu pintura, dejando pasar el tiempo. Admiro las definidas líneas de tu paisaje primaveral. Me transporto a ese frondos bosque. Siento el frescor de la mañana, el canto de los pájaros y el fluir de un arroyo cercano. Me pierdo entre la verde vegetación, paseando tranquilamente, disfrutando del momento. Todo me recuerda a tí, tan fresco, tan natural. Todo lleva tu firma. Por fin llego al arroyo, y me siento en la gran piedra del centro. El agua cristalina está fría. Ahí, en medio de la nada, en medio del todo, con el susurro de las aguas como música de fondo, tú invades mis pensamientos. Recuerdo tu sonrísa perfecta, tus mechones desordenados. Incluso me parece ver tu par de esmeraldas en el fondo del arroyo, mirándome. No puede ser. Oigo tu melódica voz. Pronuncias mi nombre. ¿Dónde estás? Continúas llamándome. Percivo una nota de angustia en tu voz. Sobresaltada, abro los ojos y vuelvo a tierra firme: sigo escuchándote, pero ahora es más un lamento. Desesperada, corro por el bosque gritando tu nombre. No siento los golpes producto de las roca, ni los arañazos de las numerosas ramas. Son todo heridas superficiales comparadas con el miedo que siento a perderte.Despierto de golpe, zarandeada suávemente por tus brazos. Tus ojos verdes clavados en mi rostro me tranquilizan. Al ver mi cara de asombro y de pánico, me abrazas. Tu calor me reconforta. ¿Todo ha sido un sueño? Puede, pero ahora se el miedo que tengo a perderte, ahora soy consciente de lo mucho que te necesito.
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